
El acceso a Baracoa por tierra constituye una aventura ya que hay que recurrir a una vía muy peculiar que serpentea entre las montañas y que lleva el nombre de la Farola. Esta carretera cuenta con 11 puentes colgantes y su punto más elevado son los Altos de Cotilla, a más de 600 metros sobre el nivel del mar.
El dominio español dejó sus huellas en las construcciones de la localidad entre las que destacan las fortificaciones de El Castillo y La Punta y los torreones de Joa y del Cementerio. Durante los siglos XVI y XVII al estar Baracoa incomunicada del resto de la isla por tierra, hizo que su escasa población comerciara de contrabando con franceses e ingleses.
A principio del siglo XIX se instalaron en Baracoa numerosos colonos franceses que huyeron de la revolución independentista de Haití, y se dedicaron al cultivo del café y del cacao, de ahí la influencia francesa que existe en Baracoa y en muchas parte de la provincia de Oriente.
A partir de mediados del siglo XIX, en que se intensifican los esfuerzos de los patriotas cubanos por lograr la independencia de Cuba, las costas de Baracoa fueron escenario del desembarco de numerosas expediciones libertadoras.
En octubre de 1854, el joven matancero Francisco Estrampes, Juan Enrique Félix y dos americanos desembarcaron de una goleta con armas y pertrechos de guerra para iniciar una revolución; pero fueron sorprendidos por tropas españolas antes que pudieran recibir ayuda, cayeron prisioneros y fueron conducidos a La Habana, donde Estrampes fue ejecutado en la explanada de la punta el 31 de marzo de 1855.
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