Hoy Cuba es sinónimo de ron y tabaco y alguna vez fue sinónimo también de la industria de la caña de azúcar. Son las producciones más clásicas de la isla. Pero en otro tiempo, en otro siglo, hubieron en tierras cubanas cafetales. Estos cafetales estaban en el sudeste de Cuba y fueron construidos por inmigrantes franceses o franco-haitianos. Los primeros llegaron a Cuba escapando de la revolución en Europa y los segundos de las repercusiones en la colonia haitiana. Llegaron con dinero, se habían ido con todo lo que habían podido sacar, así que compraron las tierras a los colonos españoles y decidieron meterse en el negocio del café.
Hoy de estas enormes plantaciones quedan apenas las ruinas y las mejor conservadas han sido declaradas Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO. Las plantaciones incluían la mansión señorial, las barracas de los esclavos, cientos y cientos de esclavos africanos, los cultivos, los talleres, las plantas y la red de caminos que permitía llevar la producción a los puertos y ciudades. A los senderos se sumaba un entramado de canales hábilmente construidos en el terreno montañoso. Pero un día el café dejó de ser el gran negocio y fueron cerrando. Las fincas empezaron a abandonarse y muchas sucumbieron al paso del tiempo.
Empero quedan algunas bien conservadas y en un paseo por ellas podrás ser testigo del pasado cafetero de Cuba.
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