Siglos atrás, cuando el azúcar no era la producción más importante de Cuba, la isla experimentó un momento de auge en la plantación y elaboración del café. Después llegó la competencia brasileña, se expulsaron los franceses que estaban detrás de los negocios y el cultivo del café pasó a ser algo totalmente secundario.
En aquel entonces casi todos los cafetales eran de origen francés ya que sus dueños habían huido de los gobiernos de la vecina Haití o el estado de Louisiana. Esta gente trajo su cultura, sus costumbres refinadas y la ideología característica de la Francia napoleónica, por eso vemos en toda la isla casas solariegas con pinturas y mobiliario francés, bibliotecas y salones en donde se relacionada la alta sociedad cubana en torno al café, el tabaco y el azúcar.
Vale decir que los primeros cafetales franco-haitianos de Santiago de Cuba han sido ya declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (2000), ya que tienen un alto valor histórico. Son construcciones que datan del siglo XVII y comienzos del XVIII, erigidas por estos franceses y haitianos que huyen de Haití tras la revolución de 1789 y compran estas tierras a muy bajo coste. Estos sitios son hoy muy importantes a nivel arqueológico ya que son una muestra tanto de arquitectura como de técnicas distintas en el tratamiento del café: secado, trillado o descacarado e incluso en la construcción de acueductos, carreteras u hornos.
El cinturón cafetal cubano se centra en la provincia Santiago de Cuba y se extiende a la Gran Piedra, El Cobre, Dos Palmas, Contramaestre y Guantánamo. Podemos llegar hasta allí y conocer, por ejemplo, las ruinas mas famosas, las de la finca Santa Sofía, el Kentucky y La Isabélica. Esta ultima estancia es la que mejor se conserva e incluso cuenta con un museo etnográfico y una leyenda de amor entre el dueño francés y una esclava.



















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