
En sus gruesos muros, torres y murallas los visitantes del Castillo de San Pedro de la Roca aprecian en toda su magnitud la huella del arte militar desarrollado en Italia, España y Cuba entre los siglos XVI y XIX.
En nuestros días la imponente fortaleza incorpora a las tradiciones del oriente cubano un saludo de artillería a los combatientes por la independencia de la isla de todos los tiempos, ceremonia realizada por primera ocasión en el 2001.
Para esa acción, una dotación de artilleros vestidos con trajes de la época utiliza una pieza llamada Príncipe Pío, fundida el 19 de diciembre de 1805 en la ciudad española de Sevilla e instalada en sus inicios en el complejo histórico Morro-Cabaña de la capital cubana.
La instauración de la salva constituye además un homenaje a Santiago Apóstol y a Santa Bárbara, patrones de la ciudad de Santiago de Cuba y de los artilleros, respectivamente.
El Príncipe Pío, instalado en la plataforma de Nápoles de la fortaleza, asume su nueva responsabilidad y marca además el instante en que se recoge la enseña nacional en el castillo.
El nuevo atractivo de San Pedro de la Roca para los visitantes, nacionales y foráneos, tiene su antecedente en los disparos que se hacían siglos atrás desde la batería de Punta Blanca para dar la bienvenida a los buques que arribaban al puerto.
Con una utilidad mínima desde el punto de vista militar debido a los retrasos en su edificación, el Morro de Santiago encierra en la actualidad a los principales exponentes del Museo de la Piratería, una muestra de aquella actividad para cuyo enfrentamiento estuvo concebida la fortaleza.
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