Nació de los aportes e innovaciones que diferentes músicos de la isla fueron haciéndole al danzón, con melodías casi bailables por sí solas y el balance que surge entre melodías a tiempo y contratiempo. El Cha-Cha-Cha fue creado por el violinista y director de orquesta cubano Enrique Jorrín en 1948, fruto de sus experimentaciones con la forma, la melodía y el ritmo del danzón. Es el baile más reciente incorporado en la modalidad de bailes latinos.
El cha cha cha es un baile intermedio, ni muy lento ni muy rápido, lo que lo hace un género fácilmente bailable por todos, en contraste con el Mambo donde la música es más rápida y el ritmo más complicado. El surgimiento de este ritmo debe mucho a los bailadores, que en la sociedad Silver Star, en la céntrica esquina habanera de Prado y Neptuno, y más adelante en todos los salones de La Habana, iban elaborando pasos que se adecuaran a las características del nuevo estilo.
Los bailadores hacían un “escobilleo”, marcando, a un lado y otro, el un, dos; un, dos, tres, y ese sonido sobre el piso fue lo que le dio el nombre de cha cha chá. La ejecución de este género se distingue porque los cantantes son los propios músicos. “La engañadora” es su pieza más emblemática y la cienfueguera orquesta Aragón, conocidos por –los estilistas del cha cha chá- han sido sus máximos exponentes durante décadas.
Este baile deriva del mambo, por lo que todas las figuras del mambo se pueden hacer al bailar cha-cha-cha. Sin embargo, no todas las figuras del cha-cha-cha se pueden hacer en el mambo, ya que la unidad básica de aquél cuenta con dos pasos más que la de éste. Aunque tengan figuras comunes, en general el baile del cha-cha-cha resulta más lento, suave y elegante que el del mambo.
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