En la cocina cubana, humilde y de sencilla elaboración, se juntan elementos característicos de la tierra -yuca, fríjoles- con la influencia culinaria hispánica. Si bien la cocina criolla no ha sido de grandes y originales recetas, el cubano ha logrado algunas estimables y con sello propio, como por ejemplo el lechón asado y el “congrí” (arroz con fríjoles), que es una dupla gastronómica para la cena de Navidad y fin de año.
El cubano, a diferencia del español, prefiere el lechón -puerco gordo y lustroso de unos 25 kilogramos- al tostón castellano -cochinillo lechal entre los 15 y los 20 días-y que es un plato que forma parte esencial de la noche clásica de la cena.
La forma de prepararlo es muy sencilla: el lechón, abierto en canal y eviscerado, se adoba con ajo, orégano, laurel y sal. (Algunos utilizan también pimienta, comino y cebolla picada.) Este adobo o “mojo” es una especie de papilla que se consigue machacando bien los dientes de ajo pelados con las demás especias e incorporándoles una cantidad abundante de naranja agria.
Este “mojo” se unta y extiende a fondo por el interior del lechón. Conviene pincharlo con un cuchillo por varias partes para que el adobo penetre en la carne, y dejarlo así 24 horas. Para asar el lechón se debe untar frecuentemente la piel con manteca de cerdo o con el propio adobo, utilizando ramas de guayaba a modo de brocha. La piel debe quedar dorada y crujiente. Luego, se sirve con arroz congrí y yuca…..Una delicia!
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