
Muy cerca de Santa Cruz del Norte, que es un municipio que se encuentra ubicado en la costa norte de la isla, se halla un lugar que lo compenetra a la naturaleza y los bellos paisajes.
Nos referimos a los Jardines de Hershey; una extensa área de recreación y esparcimiento para los turistas en donde hallarán un restaurante, parrillas para barbeque y un bar que acogen al visitante en sus peculiares instalaciones de madera rolliza y guano, con una variada oferta gastronómica.
Pero lo que más atrae al visitante es la exuberante vegetación y la posibilidad de darse un chapuzón en las cristalinas aguas del río que recorre toda la instalación. Lo cierto es que parece que el tiempo se ha detenido en este lugar, cuyas casas de piedra o madera con techos de zinc y ordenadas junto a calles perfectamente delineadas, recuerdan un poblado rural norteamericano del siglo pasado.
La historia cuenta que sus inicios giran alrededor de 1919, ligado al auge de la industria azucarera nacional, especialmente, con la llegada del comerciante Milton S. Hershey, dueño de Hershey Corporation, la industria del chocolate más famosa del planeta.
Entonces, luego de probar la calidad del azúcar cubano, el empresario Hershey optó por ocuparse directamente de su producción e incluso de su transportación hasta el puerto. Es por ello que allí mandó construir las fábricas y demás establecimientos que tuvo mayor auge con la llegada del tren eléctrico, que pronto tuvo su línea para mover los materiales de lo que se llamaría como la Central Hershey, equidistante de La Habana y Matanzas.
Con el paso de los años nació la comunidad, diseñada al estilo y gusto de su fundador instalándose el ingenio, las plantaciones cañeras y el ferrocarril. Hasta hoy s epueden observar vestigios de las viviendas de los directivos y de los obreros y otros trabajadores de “menor categoría” que eran llamados batey.

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