Durante unos 100 años se mantuvo el cuerpo de la tumba de Cristobal Colón para luego ser enviada a Sevilla con el féretro hecho de madera de caoba. Ha sido especial para todos los cubanos desde el día en que fue construido por lo que es una visita obligada para cualquier visitante a La Habana.
Se trata de la Catedral de San Cristóbal, fundada por la orden de los jesuitas que había estado tratando de establecerse en Cuba desde 1645 cuando el concejo municipal discutido el asunto y la posibilidad de encontrar un hogar para el orden.
Su entrada en la Isla se solicitó formalmente en 1656, y en 1682, aproximadamente 37 mil pesos en limosnas se había recaudado para la construcción de su iglesia. La construcción comenzaron en 1748 a 1750.
Y en medio de las obras de construcción, mediante Real Decreto, los jesuitas fueron expulsados de todas las posesiones españolas y, en consecuencia, tuvieron que salir de Cuba y de sus bienes como confiscadas por el Gobierno colonial. Las obras de la iglesia se vieron interrumpidos, ya que se decidió que el edificio sería destinado a la parroquia principal, que se completó en 1777.
En 1782, la iglesia fue consagrada como la Catedral de La Habana, al ser confirmado oficialmente en 1793. Dos torres, diferentes en tamaño, uno a cada lado del edificio, hacen hincapié en su singular estilo barroco, que, tal vez debido a los materiales rústicos que se utilizaron, carece de la profusa ornamentación esculpida, tan frecuentes en otras catedrales del continente.
A principios del siglo 19, los altares barrocos fueron sustituidos por otros neoclásicos a sugerencia del Obispo Espada, un ferviente admirador del neoclasicismo.
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