La Habana está frío en diciembre. A medida que uno camina por las calles de la Habana Vieja, la luz del sol aburrido y apático lo ilumina todo, pero no da calor. Aquí, el invierno cubano es leve, alrededor de 25 grados centígrados.
Pero la sorpresa del clima lo es con la propia Habana. Es una ciudad que, a la altura de la Navidad, muestra poco o ningún signo de la temporada de fiestas que en cualquier lugar. No hay luces multicolores en las casas y los apartamentos, no hay centros comerciales grandes cargados con el brillo de la temporada festiva.
Por las noches, mientras pasea por el tramo de cuatro kilómetros de El Malecón, el paseo frente al mar, que actúa como el centro social de la ciudad, y los edificios en su mayoría se hallan en la oscuridad.
Allí, los cubanos se congregan a lo largo de El Malecón, con nada más que botellas de ron y con amigos para pasar el rato en Navidad. No es como otras festividades en cualquier parte del mundo debido a que esta es una ciudad como ninguna otra.
Para explorar la Habana, debe iniciar con un recorrido a La Habana Vieja. Allí, los viejos edificios llaman la atención del visitante. Y entre las atracciones mas destacadas de la zona se halla el Capitolio Nacional, un edificio que misteriosamente se asemeja a la de los EEUU que cuenta con un majestuoso Salón de los Pasos Perdidos, que fue hace 50 años la sede del Parlamento cubano.
Lo cierto es que en Navidad, lo mejor es la vida nocturna con fiestas que orgaizan clubes y hoteles. Las celebraciones en la calle suelen incluir baterías de samba y bailarinas invitando a la gente a unirse a la música Salsa, junto con villancicos de Navidad de la secta religiosa.
En Nochebuena, los habitantes se reúnen en Plaza de la Revolución para escuchar la Misa del Gallo para luego cenar el cerdocon frijol negro, arroz, sidra, postres y ron. Suenan las campanas a la medianoche para señalar que es el día de Navidad y la hora de comer!
Artículos relacionados




0 Comentarios en “La Navidad en La Habana”