
La Necrópolis de Colón constituye un Patrimonio Cultural de la nación cubana por ser uno de los cementerios más sobresalientes del mundo debido a sus valores esculturales. Debe su nombre a la antiquísima idea de haberse sepultado allí las cenizas del Almirante, Cristóbal Colón.
Impresiona la entrada de la Necrópolis de Colón que se caracteriza por un monumento escultórico en su tope, de mármol de Carrara, de 34 metros de longitud por 21.66 metros de altura. El conjunto representa las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.
El suntuoso lugar es una gran cantera esculpida a cielo abierto con la profusión de mármol de Carrara. Mausoleos y tumbas aparecen por doquier y en todas las direcciones. Centenares de sitios de esas condiciones se localizan distribuidos entre los diferentes cuartones del cementerio, muchos de ellos dedicados no sólo a personalidades individuales, sino a sociedades de beneficencia o importantes instituciones, como es el caso del panteón de las Fuerzas Armadas.
Cabe destacar que la tumba más popular y sin duda la más visitada es la de Amelia Goire de la Hoz, una dama de alta alcurnia, conocida ahora como “La Milagrosa”. Miles de peregrinos visitan el sepulcro cada año, vale decir que en la actualidad la estatua compite en protagonismo con los santos y vírgenes de la sacramental habanera.
Sin duda que este camposanto es un encuentro con el silencio y la historia. En una extensa área donde contrasta el verde de la vegetación con el blanco frío del mármol, los recuerdos perduran en la eternidad y envuelven a aquellos que se aventuran a conocer esa parte de la historia de La Habana.
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