La religión es un fenómeno que ha acompañado el desarrollo de la sociedad cubana, y que sin duda revivió después de 1990, con el inicio del “Período Especial.”
Por un lado esto era necesario para hacer frente a situaciones de vida muy difíciles, y por el otro para hacer frente a los materiales y la vulnerabilidad social. Esto apunta a la protección como una importante función social de la religión.
La diversidad religiosa es un rasgo característico de la sociedad cubana, mezcla de catolicismo, espiritismo, la santería, Regla de Ocha y otros.
La religiosidad en Cuba se caracteriza por ser empíricos (por ejemplo, la transmisión oral), con sus constantes referencias a la vida diaria, ofreciendo soluciones mágicas a los problemas de material a través del control de lo sobrenatural; rituales de adivinación y la protección y el atractivo de sus ceremonias a través del uso de los festivales que fusionó con los misterios y leyendas.
Tiene un carácter utilitario. Es más un medio que un fin y más emotiva que racional.
En estos días se puede observar más gente que compra los símbolos religiosos – los visibles, tales como crucifijos, collares, pulseras, prendas de vestir; los utilizados en las ceremonias, rituales o actos de la consulta, la limpieza y la adivinación – como conchas de mar y otros que sirven como amuletos, como como la semilla llamada ojo de buey (ojo de buey).
También hay imágenes religiosas que sincretizar con las deidades africanas e incluso con los nativos americanos (en América del Norte) que protegen a los hogares, al igual que “los ojos” (del Mal de Ojos).
Estos artículos se pueden comprar en los vendedores por cuenta propia (cuentapropistas) y en las tiendas de propiedad estatal y de ejecución. No existen las condiciones adecuadas para su existencia y reproducción.
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