
El centro de la ciudad de Trinidad es ineludible. Es la Plaza Mayor, su centro histórico y punto de reunión y citas. Los edificios que rodean esta plaza datan en general del silgo XVIII y XIX cuando estaba en su apogeo el cultivo del azúcar y el valle de los ingenios estaba repleto de negros esclavos que con su trabajo enriquecían a los hacendados.
Precisamente muchos de estos edificios eran de estos hombres ricos y así, cuando el cultivo del azúcar terminó a mediados del siglo XIX, el pueblo se estancó y de esa forma muchos de estos edificios lograron preservarse de la modernidad y convertirse durante el siglo XX en museos.

La típica casa colonial de Trinidad tiene techos de techos de tejas rojas sostenidos por vigas de madera. Fuera, el pintarlas de color pastel es común y suelen tener una puerta de entrada pequeña que , contrariamente a las casas contemporáneas de La Habana, suelen abrirse a una sala de estar más que a un hall de recibimiento y las ventanas tienen molduras y rejas de madera que permitían dejar las ventanas abiertas para que circulara el aire.

En general, las casas del siglo XIX están construidas alrededor de un patio central al que miran las habitaciones, con jardines, macetas y estatuas. ¿Qué edificios debemos ver? Pues aquí van: la Iglesia de la Santa trinidad terminada en 1892, el Palacio Brunet, la Iglesia y el Monasterio de San Francisco, el Museo de la Lucha contra los Bandidos, la Plazuela del Jigüe, el Museo de Arqueología, el Museo Colonical de Arquitectura y el Palacio Cantero.
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