
Las famosas festividades de Las Charangas de Bejucal, pueblo situado a unos veinte kilómetros de la capital cubana, son el convite a la fantasía de diseñadores, pintores, músicos y artistas en general.
La especial majestuosidad de la Plaza de Armas y la Iglesia Parroquial de esta localidad son el eje central del desfile de las Charangas en la tricentenaria San Felipe y Santiago de Bejucal.
En el siglo XlX, en ocasión de la Misa del Gallo, los habitantes del lugar que profesaban la religión católica salían a las calles con sus hachones encendidos, matracas, caracoles y gaitas, mientras los hombres y mujeres negros también lo hacían para cantar y rezar a sus deidades rumbo a la Plaza del pueblo y al atrio de la iglesia, todo ello a ritmo de tambores, güiros y botijas.
Esta fusión de multitudes con intereses bien distintos hizo que surgieran dos bandos: el azul y el rojo. El azul (los carabalíes) se denominaba La Musicanga; y el rojo (los congos), era llamado Los Malayos. Los símbolos escogidos fueron el alacrán y el gallo, respectivamente. La Musicanga era el bando de los criollos, nativos, negros libertos y esclavos, en tanto el rojo o Malayos representaba a españoles e isleños emigrantes.
Pero la fiesta tradicional de las Charangas de Bejucal que comenzaba con la misa del Aguinaldo y terminaba con la del Gallo, el 24 de diciembre, se convirtió en algo más, para complacencia de sus pobladores. Ellos mezclaron en una simbiosis de ritmo multicolor, los de los negros lucumíes, congos y carabalíes con los de España, para el nacimiento de una tradición que transcendió en el tiempo y regala hoy un acontecimiento singular.
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