
La Habana es una ciudad colonial y supo ser bajo el dominio español una de las ciudades más importantes del Nuevo Mundo. Por eso mismo es que era codiciada por las potencias extranjeras así que debía ser protegida. De aquí que todavía hoy se vean los fuertes que se construyeron para eso. Como es dueña de un puerto natural de aguas profundas, ideal para barcos de gran calado, era el punto obligado de los barcos cargados de riquezas antes de cruzar el Atlántico.
Amenazada, el gobierno español decidió fortificarla y por eso hay torreones y fortalezas alrededor. Pero no bastó y entonces a fines del siglo XVI se decidió la construcción de una muralla. Las obras, después de sopesar varias propuestas, comenzaron en 1674 y estaban previstas terminar 3 años después pero la realidad es que se extendieron por seis décadas y recién se terminaron en 1740. Las murallas de La Habana tenían entonces 9 puertas y entre ellas las mas importantes eran la puerta de la Muralla, la de La Punta y la de La Reina. Las murallas duraron 123 años porque a comienzos del siglo XIX, 1823, empezaron a ser derribadas para poder resolver el crecimiento de una ciudad que ya no estaba amenazada por piratas y corsarios.

Hoy en día solo quedan huellas, restos muy dispersos, y el famoso Cañonazo de las 9 que suena todos los días anunciando el cierre de unas puertas que ya no están.
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