
Si recorre las calles de La Habana Vieja no debe sorprenderte encontrar a músicos callejeros tocando en plazuelas y frente a sus casas. Es el arte que los cubanos llevan en las venas y que lo demuestran cada día ante propios y extraños.
Y es que la capital cubana fue la zona por donde se inicia la vida musical de la isla. A través de los siglos, La Habana se hizo pronto un lugar de diversión para restaurarse de los largos días de soledad de loa marinos de ultramar por lo que se crearon casitas de baile, bares y salones de vida licenciosa.
De esta forma, la ciudad se convierte en la Babilonia de la músic con las danzas de los tres mundos en sus calles y bares. En este sentido, un cabaret famoso fue el Kursaal, donde tocó hasta el mismísimo Pérez Prado. Se encontraba al frente de la Iglesia de Paula, en La Habana Vieja.
Igualmente, al puerto llegaban músicos de la talla de Benny Moré que en 1940 comenzó a vivir en la calle Paula 111 y cantaba por algunos de los más de trescientos bares del puertto, la zona que hoy denominamos La Habana Vieja.
Cabe destacar también que en La Habana Vieja surgieron los Carnavales, con sus negros, comparsas, congas y bailarines que convirtieron a esta zona en el antro d ela música cubana de antaño, como el café de La Lonja, a la entrada de la calle O´Reilly, junto a la Plaza de Armas.
Otros centros de reunión de músicos fueron el Anfiteatro de La Habana, El barrio de Belén; los altos del Hotel Ambos Mundos o en el restaurante La Bodeguita del Medio. Hoy los encontramos en las calles, plazuelas y parques. Sin duda, ellos son el alma cubana.

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