En 1514 el Adelantado Diego Velázquez fundó la villa de la Santísima Trinidad en las orillas del río Guaurabo y cerca del macizo Guamuhaya. Hoy este sitio tan antiguo y pintoresco es Patrimonio de la Humanidad, y junto con el centro histórico en la denominación entra también el Valle de los Ingenios Azucareros. Si bien el nombramiento por parte de la UNESCO intenta preservar en el tiempo el lugar, lo cierto es que los intentos proteccionistas son de larga data ya que ya antes de 1950 había un gran interés por conservar Trinidad (la Asociación Pro Trinidad es de 1942, por ejemplo).
A partir de entonces la Villa de la Santísima Trinidad empieza a ser promocionada como destino turístico resaltando sus valores arquitectónicos e históricos, pero recién con la revolución del ’49 todas estas iniciativas se concretarían. Sus edificios coloniales son restaurados y se inicia el Plan Nacional de Promoción Turística que sirve además para alentar la identidad y el sentimiento nacional. De hecho, Trinidad tiene un conjunto arquitectónico único que habla de los primeros asentamientos españoles no solo en Cuba sino en América, y además del hermoso escenario de edificios y casas, lo cierto es que en apenas 20 km el turista tiene mucho para hacer y ver.
Hay galerías con exhibiciones de arte religioso y laico, académico y popular, centros artesanales y de cerámica, teatros, danzas, muchos atractivos históricos y culturales y claro, una infinidad de restaurantes. No os podéis perder la mayor industria de la zona, el tabaco, los paseos por sus calles angostas con casas pintadas en colores pastel, los palacios y las hermosas plazas. Y también, por supuesto, debéis hacer el recorrido por el Valle de los Molinos de Azúcar (recordemos que el azúcar ha sido la industria esencial cubana durante siglos). Le sumo la Catedral, la Playa Ancon y el Museo Municipal. Con todo esto, conoceréis y recordareis Trinidad.
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